España destaca por su crecimiento en la eurozona, pero las empresas afrontan crecientes presiones por el entorno geopolítico, el encarecimiento de la energía y la pérdida de competitividad. En este contexto, se prevé un aumento de las insolvencias en 2026, mientras Europa busca reforzar su autonomía frente a EE. UU. y China y adaptarse a cambios estructurales como la IA y el envejecimiento.
Las tensiones en Oriente Medio, el encarecimiento de la energía, la fragmentación geoeconómica o el papel de grandes potencias como Estados Unidos y China están redefiniendo las reglas del comercio internacional y elevando los niveles de riesgo. Todo ello está configurando un escenario más volátil y complejo para empresas e inversores, marcado por una creciente interdependencia entre geopolítica y económica, lo que ha llevado a Coface, líder mundial en gestión integral del riesgo de crédito comercial, a rebajar su previsión de crecimiento en 2026 del PIB mundial en tres décimas, hasta el 2,3 %, frente al 2,6 % estimado en febrero. En España también se han reducido las previsiones al 2,2 %, tres décimas menos que hace tres meses (2,5 %).
Así se ha puesto de manifiesto durante la 29ª edición de la Conferencia de Riesgo País de Madrid de Coface, celebrada esta mañana en colaboración con CaixaBank. Una jornada que ha contado con la participación destacados expertos en análisis económico, economía internacional y riesgo país: Bruno de Moura Fernandes,jefe de Macroeconomía de Coface; Alfredo Echevarría, director de Análisis - Lighthouse (Instituto Español de Analistas); Antonio Bonet Madurga, presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles; Carlota García Encina, investigadora principal del Real Instituto Elcano; Antonio Camuñas, presidente de Global Strategies y expresidente de la Cámara de Comercio España-EE.UU., y Rafael Pampillón, catedrático de Economía de la Universidad CEU San Pablo y en IE University.
En un año especialmente significativo para la compañía, que celebra su 80 aniversario del Grupo Coface, este evento se ha vuelto a consolidar como una cita de referencia para analizar el entorno económico global y anticipar riesgos en un contexto internacional cada vez más complejo. En palabras de Guillermo Rodríguez, CEO de Coface en España y Portugal: “vivimos en una economía mucho más global e interconectada, donde cualquier tensión internacional acaba teniendo impacto directo en las empresas. Ante este nuevo contexto, hay que entender que el riesgo ya no consiste solo en protegerse frente a los problemas, sino en tener la capacidad de anticiparse y seguir avanzando incluso en entornos difíciles”.
Geopolítica, tensiones comerciales y aranceles: principales focos de riesgo
Durante la jornada, Bruno de Moura Fernandes, jefe de Macroeconomía de Coface, ha analizado cómo la economía mundial atraviesa una fase de creciente vulnerabilidad, marcada por las tensiones geopolíticas, energéticas y comerciales.
El experto ha centrado parte de su intervención en las consecuencias económicas derivadas de las tensiones en Oriente Medio y, especialmente, en el riesgo que supondría una interrupción prolongada del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial. Según ha explicado, un deterioro de la situación en esta zona tendría un impacto mucho más amplio que el energético, afectando también a cadenas industriales y a sectores estratégicos como fertilizantes, transporte, automoción o tecnología. Asimismo, ha advertido que “Europa y Asia afrontan la temporada de reposición de reservas de gas natural en un contexto de inventarios bajos y creciente competencia internacional por el suministro, lo que incrementa la presión sobre los precios y la incertidumbre empresarial”.
España mantiene el crecimiento, pero aumentan las tensiones sobre la competitividad empresarial
La conferencia también ha aterrizado el análisis internacional en el caso español, en una mesa redonda moderada por Mikel Aguirre, responsable de Riesgo Político y Comercial de Coface en España y Portugal, y en la que han participado Antonio Bonet Madurga y Alfredo Echevarría.
Durante el debate, los expertos han puesto de relieve el contrasteentre la fortaleza de los indicadores macroeconómicos españoles y las crecientes dificultades que afrontan muchas empresas en su actividad diaria. En este sentido, Antonio Bonet Madurga ha destacado que “los buenos datos macroeconómicos de España no deben hacernos perder de vista una realidad estructural: aunque el PIB crece por encima de la media europea, el PIB per cápita permanece prácticamente estancado desde la crisis de 2008”. Asimismo, ha analizado la diferencia de comportamiento entre la exportación de servicios —que continúa mostrando fortaleza— y la exportación de bienes, más condicionada por la debilidad industrial europea, los elevados costes y la pérdida de competitividad. “El sector del comercio exterior ha sido uno de los grandes motores del crecimiento reciente. Sin embargo, la exportación de bienes está prácticamente parada, con un crecimiento del 0,7 % en 2025, y donde el 66 % de la exportación se concentra en apenas 1.000 empresas”, ha subrayado.
El nuevo orden económico: diversificación de mercados e IA
En la segunda parte de la conferencia se ha abordado el nuevo escenario económico y empresarial a nivel mundial, en una mesa redonda moderada por la periodista Laura Blanco, y que ha contado con la participación de Carlota García Encina, Antonio Camuñas y Rafael Pampillón.
En el debate, los expertos han coincidido en señalar que la economía mundial atraviesa un cambio estructural marcado por una mayor fragmentación geopolítica, un papel mucho más activo de los Estados en la economía, el auge de tensiones geopolíticas y una creciente competencia tecnológica entre grandes potencias. “Estamos ante un cambio de era. El mundo que se construyó tras la Guerra Fría, basado en energía barata, cadenas de suministro optimizadas y una globalización centrada en la eficiencia, está dando paso a una economía mucho más fragmentada, politizada y estratégica”, ha advertido Rafael Pampillón.
En esta línea, Carlota García Encina ha destacado que “la economía y la seguridad están hoy mucho más conectadas” y que conceptos como resiliencia, autonomía estratégica o seguridad económica han dejado de ser debates teóricos para convertirse en prioridades tanto para gobiernos como para empresas. “La guerra de Ucrania, la rivalidad entre Estados Unidos y China o la creciente utilización de aranceles, sanciones y controles tecnológicos muestran que la economía y la seguridad están hoy mucho más conectadas”, ha señalado.
Por su parte, Antonio Camuñas ha puesto el foco en cómo este nuevo contexto está transformando la toma de decisiones empresariales. “La prioridad ha dejado de ser únicamente la eficiencia para pasar a ser la flexibilidad”, subrayando que los directores financieros deben incorporar a su gestión factores como la incertidumbre geopolítica, la volatilidad energética, la dependencia de proveedores o los riesgos regulatorios. Bajo esta misma idea, Carlota García Encina ha señalado que “la gestión del riesgo ya no puede centrarse únicamente en variables financieras tradicionales: hoy incluye geopolítica, energía, tecnología, ciberseguridad o cadenas de suministro”.
Un espacio para aportar claridad en un entorno incierto y cambiante
A lo largo de la jornada, los expertos han coincidido en que la economía global atraviesa un cambio de paradigma en el que la geopolítica, la energía, la tecnología y el comercio internacional están cada vez más interconectados. Un entorno marcado por una mayor fragmentación, más volatilidad y un nivel de riesgo cada vez más estructural para empresas e inversores.
La Conferencia de Riesgo País de Coface ha vuelto a consolidarse, así, como un espacio de referencia para ayudar a empresas y profesionales a interpretar un contexto internacional cada vez más complejo y a tomar decisiones estratégicas con más información, capacidad de anticipación y adaptación.
Ya no estamos simplemente ante un entorno incierto, sino ante un contexto en el que la geopolítica marca cada vez más el ritmo de la economía y obliga a las empresas a incorporar el riesgo como una capacidad estratégica
Guillermo Rodríguez, CEO de Coface en España y Portugal.
[1] Las "small caps" (o empresas de pequeña capitalización) son compañías que cotizan en bolsa y cuentan con un valor de mercado (capitalización bursátil) relativamente bajo. Su valor oscila generalmente entre los 300 y los 2.000 millones de dólares (o euros en Europa).
