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3 claves para acelerar la toma de decisiones e impulsar el crecimiento

Las tensiones geopolíticas, la desaceleración del crecimiento económico, las interrupciones en las cadenas de suministro y los crecientes riesgos regulatorios: las empresas operan hoy en un mundo en el que la incertidumbre se ha convertido en la norma. Por tanto, la cuestión ya no es cómo eliminar el riesgo —algo que no es ni realista, ni deseable—, sino cómo tomar las mejores decisiones posibles en un entorno en constante cambio.

Las organizaciones con mejor desempeño suelen ser aquellas que logran el equilibrio adecuado entre prudencia y ambición: suficiente control para proteger su negocio y suficiente agilidad para aprovechar las oportunidades a medida que surgen. Los resultados de nuestro último estudio muestran que tres factores clave pueden marcar una diferencia decisiva.

1) Comprender los riesgos para aprovechar más oportunidades

El crecimiento de una empresa implica tomar decisiones de diversa complejidad: expandirse a un nuevo mercado, establecer una alianza estratégica, invertir en nuevos proyectos o seleccionar un proveedor, entre otras. Estas decisiones conllevan, de forma natural, un cierto grado de riesgo.

Las empresas más exitosas no son aquellas que intentan eliminar todos los riesgos antes de avanzar. Más bien, se esfuerzan por identificar los riesgos en una etapa temprana, comprender sus implicaciones y anticipar sus posibles consecuencias. Por tanto, el desafío no consiste en buscar un entorno perfectamente predecible, sino en disponer de la visibilidad suficiente para evaluar las oportunidades con claridad y confianza. Cuando un riesgo es conocido, medido y supervisado, puede incorporarse al proceso de toma de decisiones. Deja entonces de ser un obstáculo para convertirse en un factor más que debe gestionarse.

Por ello, estas organizaciones ya no se preguntan simplemente: “¿Cuáles son los riesgos?”, sino más bien: “Dado este riesgo, ¿qué factores y consecuencias debemos anticipar para poder gestionarlo adecuadamente?”.

2) Utilizar los datos para tomar decisiones con mayor rapidez

Las empresas nunca habían tenido acceso a tanta información. Sin embargo, muchas decisiones estratégicas siguen retrasándose debido a la dificultad de analizar los datos de manera eficiente. El desafío ya no radica tanto en acceder a la información, sino en la capacidad de utilizarla de forma rápida y eficaz.

Los indicadores históricos (balances, cuentas de resultados y otros datos públicos) siguen siendo esenciales para comprender lo que ha ocurrido. No obstante, ofrecen una fotografía de la empresa en un momento determinado. Para tomar decisiones más rápidas y acertadas, los directivos necesitan ahora información actualizada de manera continua, que les permita anticipar la evolución de los mercados, detectar señales tempranas e identificar riesgos emergentes en fases más iniciales.

La irrupción de la inteligencia artificial, los modelos predictivos y los sistemas de alerta temprana responde precisamente a este reto.

Utilizadas de forma inteligente, estas tecnologías permiten, en particular:

  • detectar con mayor rapidez señales de vulnerabilidad en un cliente o proveedor;
  • identificar sectores o mercados que presentan nuevas oportunidades;
  • anticipar cambios que puedan afectar a la actividad de la empresa.

Los datos no sustituyen la toma de decisiones. Sin embargo, sí permiten que estas sean más rápidas, coherentes y fiables. El reto ya no es únicamente la cantidad de información disponible para las empresas, sino su capacidad para transformar esa información en una verdadera ventaja para la toma de decisiones.

3) Convertir la gestión de riesgos en un motor de crecimiento

Durante mucho tiempo, la gestión de riesgos se consideró principalmente una función de protección: evitar pérdidas, limitar la exposición y garantizar la seguridad de las operaciones.

Esa función sigue siendo esencial. Sin embargo, en un entorno en el que las empresas deben adaptarse rápidamente, un enfoque puramente defensivo puede convertirse en un freno.

Las organizaciones más avanzadas están adoptando gradualmente una perspectiva diferente: utilizar el análisis de riesgos para hacer posibles decisiones que, de otro modo, quizá nunca se habrían tomado. La cuestión ya no es preguntarse “¿Por qué no seguir adelante?”, sino más bien “¿Cómo podemos avanzar manteniendo el riesgo dentro de límites aceptables?”.

Este cambio de enfoque es estratégico. Permite, en particular, acelerar proyectos de expansión, proteger inversiones y abrirse a nuevos mercados. El reto ya no consiste en asumir el menor número posible de riesgos, sino en asumirlos de forma medida, controlada y eficaz.

Equilibrar el crecimiento y la gestión de riesgos

Las empresas más exitosas ya no consideran el crecimiento y la gestión de riesgos como elementos incompatibles. Se apoyan en un mejor conocimiento de su entorno, en datos más útiles para la acción y en un enfoque más estratégico del riesgo para tomar decisiones con mayor rapidez y aprovechar más oportunidades.

 Tres prioridades resultan hoy fundamentales:

  1. Comprender mejor los riesgos para identificar más oportunidades de crecimiento;
  2. Aprovechar datos más predictivos y contextualizados para tomar decisiones con mayor rapidez;
  3. Convertir la gestión de riesgos en un motor de crecimiento, capaz de respaldar las ambiciones estratégicas de la empresa.

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