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17/12/2014
Publicaciones económicas

¿Tenemos que tener miedo a la baja inflación (“lowflation”)?

¿Tenemos que tener miedo a la baja inflación (“lowflation”)?

El término "deflación" parece estar en boca de todos en Europa estos días, no sólo en las de los economistas.

El bullicio en torno a la expresión no es de extrañar, ya que la inflación de la zona euro se ha ido reduciendo en los últimos tres años. Francia no es una excepción: los precios de consumo franceses aumentaron únicamente un 0,5% interanual en octubre de 2014. Este menor ritmo de inflación coincide, además, con un crecimiento lento. Como sabemos, la deflación, cuando ocurre, tiene consecuencias considerables para los consumidores. Inicialmente, un descenso de la inflación beneficia a los consumidores, ya que aumenta su poder adquisitivo. Pero, más marcada la caída de los precios y  más larga la caída continúa, es más probable que esta tendencia sea la de enviar a la economía a una recesión duradera: desde el momento en que los hogares esperan que los precios sigan bajando mañana, pierden por completo el interés en la compra de hoy. En otras palabras, los precios más bajos conducen a un menor consumo, que a su vez desencadena otra caída de los precios. El riesgo de quedar atrapados en este círculo vicioso plantea varias preguntas: ¿qué tipo de deflación es más cercano al de Francia en este momento - un prolongado período de "baja inflación", como en Japón en los años 1990 y 2000, o una depresión profunda como en la década de 1930? ¿Y cuál sería el efecto de un posible período de deflación en empresas francesas? ¿Algunos sectores de actividad están más expuestos a este riesgo que otros?

 

La política proactiva del BCE, la disponibilidad de abundante liquidez y también las estructuras actuales de la economía francesa permite el riesgo de "deflación profunda", como en la década de 1930. Por el contrario, la probabilidad de un prolongado período de "baja inflación" como se observa en Japón a partir de la década de 1990 parece más fuerte, incluso si la posición del sector bancario francés hoy parece ser mejor que la de los bancos japoneses en el momento, y la escala del mercado inmobiliario francés parece en exceso más pequeño que el de Japón. Tal escenario tendría consecuencias negativas: "baja inflación" combinado con el lento crecimiento de la economía francesa en su conjunto, y en particular para las empresas de los sectores de actividad que sufren de exceso de capacidad (en particular el de la industria). Sin embargo, un período prolongado de estancamiento no sólo tendría efectos negativos sobre las empresas, sino que se beneficiarían de la disminución de los costes de producción (en particular el de las materias primas) y de las tasas de interés más bajas. En resumen, se señala un cambio en el patrón de crecimiento: menos crecimiento, menos inflación, pero también  condiciones de financiación más favorables y menores costes de producción para algunos sectores, como se confirma en 2014, durante el cual el número de quiebras de compañías se estabilizó en Francia, a pesar del crecimiento de sólo el 0,4%.

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