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La paradoja de España: ¿por qué la economía crece mientras muchas empresas pierden rentabilidad?

La economía española continúa mostrando una fortaleza superior a la de gran parte de Europa. Mientras la eurozona sigue creciendo a un ritmo moderado, las previsiones del Fondo Monetario Internacional siguen situando a España entre las economías más dinámicas de la eurozona, con un crecimiento previsto del PIB del 2,1% en 2026, frente al 0,9% europeo.

A primera vista, el escenario parece positivo. El empleo mantiene un comportamiento sólido, el consumo sigue impulsando la actividad económica y el sector servicios continúa mostrando una notable capacidad de crecimiento.

Sin embargo, cuando observamos la realidad empresarial, la fotografía es bastante diferente. El aumento de los costes laborales y operativos, la presión sobre los márgenes, la incertidumbre internacional y las dificultades para mejorar la productividad siguen condicionando la competitividad empresarial.

Esta aparente contradicción plantea una pregunta cada vez más relevante: ¿cómo puede una economía crecer con fuerza mientras muchas empresas siguen enfrentándose a importantes desafíos para mantener su rentabilidad?

En este articulo analizamos por qué España sigue liderando el crecimiento económico en Europa mientras muchas empresas continúan enfrentándose a una creciente presión sobre sus márgenes. Revisaremos los principales indicadores económicos, la evolución de las exportaciones, los retos de productividad y los riesgos empresariales que marcarán el panorama económico español durante 2026.

La economía española: crece, pero el entorno es más complejo

Los datos más recientes reflejan que la actividad económica sigue avanzando a buen ritmo. De hecho, en nuestra Conferencia de Riesgo País de Madrid, nuestro jefe de macroeconomía puso de manifiesto cómo, mientras se prevé un crecimiento del PIB en España por encima del 2% este año, en otras economías europeas como Alemania (0,4%), Francia (0,6%), Reino Unido (0,7%) o Italia (0,2%), no superarán el 1%.

Y es que, una parte importante del crecimiento económico español continúa apoyándose en la demanda interna. El consumo de los hogares mantiene una evolución favorable gracias a la fortaleza del mercado laboral y al crecimiento demográfico, mientras que la inversión sigue beneficiándose del despliegue de los fondos europeos.

No obstante, el contexto internacional continúa generando incertidumbre. Las tensiones geopolíticas, el encarecimiento energético, la ralentización del comercio global y la debilidad de parte de la industria europea están configurando un escenario más exigente para los próximos meses.

Así, aunque la economía española sigue creciendo, los factores que han impulsado ese crecimiento durante los últimos años empiezan a enfrentarse a un entorno menos favorable.

La macroeconomía y la realidad empresarial avanzan a ritmos distintos

Los buenos datos macroeconómicos contrastan con la situación que viven muchas empresas en su actividad diaria.

Aunque el PIB mantiene un crecimiento superior al de la mayoría de las economías europeas, la presión sobre los costes continúa aumentando. Al mismo tiempo, muchas compañías encuentran cada vez más dificultades para trasladar esos incrementos a los precios finales sin afectar a su competitividad.

De hecho, tal y como muestra la última encuesta del Banco de España sobre la Actividad Empresarial (EBAE), la facturación, la ocupación laboral y las inversiones empresariales se han reducido en el primer trimestre de 2026. Concretamente, un 14 % contemplan una posible reducción en su facturación durante este año.

Además, algunos indicadores muestran una evolución mucho menos dinámica que la del PIB. El caso más evidente es el PIB per cápita, que permanece prácticamente estancado desde la crisis financiera de 2008.

Esta divergencia pone de manifiesto una realidad importante: el crecimiento económico agregado no siempre se traduce automáticamente en una mejora de la rentabilidad empresarial ni en un incremento equivalente de la riqueza generada por habitante.

Por ello, cada vez más analistas ponen el foco no solo en cuánto crece la economía, sino también en la calidad y sostenibilidad de ese crecimiento.

Exportaciones: servicios fuertes, bienes estancados

Actualmente, en la economía española conviven dos realidades muy distintas. Mientras las exportaciones de servicios continúansiendo uno de los grandes motores de la economía y muestran una evolución sólida —apoyadas por el turismo, los servicios empresariales y las actividades vinculadas a la economía digital —, la exportación de bienes atraviesa una etapa mucho más complicada.

Según los datos publicados por el ICEX, durante el primer trimestre de 2026, las exportaciones españolas de mercancías crecieron apenas un 0,7% interanual. Aunque la cifra sigue siendo positiva, refleja un ritmo de crecimiento más moderado en comparación con la media de la Unión Europea (2,4%).

Las causas son diversas:

  • La debilidad de la industria europea.
  • El aumento de los costes energéticos.
  • Las tensiones comerciales internacionales.
  • La ralentización del comercio global.

A ello se suma otro factor importante: una parte muy significativa de las exportaciones españolas continúa concentrándose en un número relativamente reducido de empresas, lo que limita la capacidad de internacionalización de una parte importante del tejido empresarial.

Como resultado, mientras las exportaciones de servicios continúan aportando dinamismo a la economía, las exportaciones de bienes encuentran cada vez más dificultades para mantener el mismo ritmo de crecimiento.

Vender más ya no garantiza ganar más

Uno de los desafíos más relevantes para las empresas españolas sigue siendo la evolución de los costes.

El Banco de España indica que los costes laborales continúan creciendo, en un contexto en el que muchas compañías encuentran cada vez más dificultades para trasladar esos incrementos a sus precios finales sin perder competitividad.

A esta situación se suman otros factores que afectan directamente a la rentabilidad empresarial:

  •  Incremento de los costes operativos.
  • Mayor carga regulatoria y administrativa.
  • Presión fiscal.
  • Incremento del absentismo laboral.
  • Costes financieros todavía superiores a los niveles previos a la inflación.

El resultado es una ecuación cada vez más exigente para muchas organizaciones. Cuando la capacidad de repercutir costes es limitada, el impacto se traslada directamente a los márgenes, reduciendo la capacidad de inversión y crecimiento de las empresas.

 

La productividad, una asignatura pendiente

Más allá de los factores coyunturales, existe un reto estructural que aparece de forma recurrente en cualquier análisis sobre competitividad: la productividad.

Durante los últimos años, una parte importante del crecimiento económico español se ha sustentado en el aumento del empleo y en la fortaleza del sector servicios. Sin embargo, la productividad por trabajador ha mostrado avances mucho más moderados.

Este aspecto resulta clave porque la productividad empresarial es el elemento que permite convertir el crecimiento económico en mejoras sostenibles de salarios, inversión y competitividad. Y es que, cuando los costes aumentan más rápido que la productividad, las empresas ven reducida su capacidad para:

  • Mejorar salarios de forma sostenible.
  • Mantener márgenes competitivos.
  • Invertir en innovación.
  • Internacionalizarse.
  • Absorber futuras tensiones económicas.

Sin mejoras significativas de productividad, el crecimiento económico de la economía española corre el riesgo de depender excesivamente de factores cíclicos o sectores concretos.

 

Gestión del riesgo comercial: una prioridad creciente

La evolución de las insolvencias empresariales sigue siendo uno de los indicadores más útiles para medir la salud real del tejido empresarial. La presión sobre los márgenes, el acceso a financiación, la incertidumbre internacional y el aumento de determinados costes continúan condicionando la estabilidad financiera de numerosas compañías.

En este contexto, la gestión del riesgo comercial adquiere una importancia cada vez mayor. Disponer de información actualizada sobre clientes, proveedores y sectores permite anticipar posibles problemas de solvencia y reducir el impacto de impagos o interrupciones en la actividad.

Para muchas empresas, especialmente pymes y exportadores, la capacidad para identificar riesgos antes de que se materialicen se está convirtiendo en un factor tan importante como la propia capacidad de crecimiento.

 

La gran pregunta: ¿es sostenible este modelo de crecimiento?

El debate económico ya no se centra únicamente en cuánto crecerá España durante los próximos años. La pregunta es si ese crecimiento será sostenible en un entorno cada vez más incierto, caracterizado por mayores costes, menor dinamismo industrial europeo y una competencia global cada vez más intensa.

La verdadera fortaleza de una economía no se mide únicamente por el crecimiento del PIB, sino también por la capacidad de sus empresas para generar valor, invertir, innovar y competir de forma sostenible a largo plazo.

En un contexto donde el crecimiento económico ya no garantiza automáticamente una mejora de la rentabilidad empresarial, la capacidad para anticipar riesgos será tan importante como la capacidad para generar ventas.

En este contexto, las compañías que combinen crecimiento, eficiencia operativa y una gestión más avanzada del riesgo estarán mejor preparadas para afrontar un entorno económico cada vez más complejo e incierto.

Resumen rápido

  • España seguirá creciendo por encima de la media europea en 2026.
  • El consumo, el empleo y los servicios continúan siendo los principales motores de la economía.
  • El PIB avanza, pero el PIB per cápita permanece prácticamente estancado desde 2008.
  • Las exportaciones de servicios mantienen su fortaleza, mientras que las de bienes muestran una evolución mucho más moderada.
  • Los costes laborales, operativos y financieros siguen presionando la rentabilidad empresarial.
  • La productividad continúa siendo uno de los principales retos estructurales de la economía española.
  • La gestión del riesgo comercial gana importancia en un entorno de mayor incertidumbre.
  • La gran incógnita ya no es cuánto crecerá la economía, sino si ese crecimiento será sostenible para las empresas.

 

Preguntas frecuentes sobre el riesgo comercial en pymes

1.       ¿Por qué crece el PIB si las empresas tienen dificultades?

Porque el PIB refleja el comportamiento agregado de la economía. Sectores como el turismo o los servicios pueden impulsar el crecimiento económico mientras muchas empresas continúan afrontando presiones sobre costes, márgenes o financiación.

2.      ¿Qué diferencia existe entre exportación de bienes y exportación de servicios?

La exportación de bienes incluye productos físicos como maquinaria, automóviles o productos industriales. La exportación de servicios engloba actividades como turismo, consultoría, transporte o servicios digitales.

3.      ¿Qué es el riesgo comercial?

Es la posibilidad de sufrir pérdidas derivadas de impagos, insolvencias o problemas financieros de clientes y socios comerciales. Afecta directamente a la liquidez y la estabilidad de las empresas, especialmente en entornos de mayor incertidumbre económica.

Su correcta gestión resulta fundamental para proteger la liquidez y la estabilidad de las empresas.

4.     ¿Por qué es importante vigilar la evolución de las insolvencias empresariales?

Suelen actuar como un indicador adelantado de problemas financieros dentro de determinados sectores o mercados y permiten anticipar posibles riesgos para la actividad empresarial.