El crecimiento perderá impulso en 2026, pero se mantendrá en líneas generales estable en 2027
El crecimiento del PIB se moderará en 2026, debido principalmente a la sólida base de comparación. Aun así, la economía seguirá expandiéndose a un ritmo más rápido que el de los países de la región. El consumo de los hogares (el 65 % del PIB en 2025) sigue siendo el principal motor del crecimiento, respaldado por un mercado laboral sólido, una política monetaria más acomodaticia (tipo de interés oficial del 5,5 % en junio de 2026, frente al 8,5 % vigente hasta julio de 2023) y el fuerte crecimiento del crédito a particulares (con un aumento interanual del +24,7 % en marzo de 2026). La inflación repunta ligeramente a lo largo del año desde los niveles muy bajos registrados a principios de 2026, lo que refleja en parte el aumento de los precios internacionales de la energía desde el inicio de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y la llegada de El Niño, que suele afectar a los precios de los alimentos. No obstante, la inflación media anual se mantiene cercana al nivel de 2025 y sigue dentro del objetivo del banco central del 3,5 %, con un margen de tolerancia de ±2 puntos porcentuales. Mientras tanto, la inversión (20 % del PIB) pierde algo de impulso. Aunque las condiciones crediticias nacionales son favorables y el país sigue atrayendo inversión industrial extranjera debido a su baja presión fiscal, el crecimiento general registra una ligera desaceleración a medida que los grandes proyectos industriales (como el de la pulpa y el papel) y de infraestructuras (corridores viarios y ampliación de autopistas) llegan a su fase de maduración. Dicho esto, el gasto público (12 % del PIB) sigue una tendencia similar, a raíz de una orientación de la política fiscal relativamente más restrictiva en 2026.
Por el contrario, las exportaciones (33 % del PIB) crecen a un ritmo más sólido, respaldadas por una buena cosecha de semillas oleaginosas en la temporada 2025-2026 —en particular de soja, cuyas exportaciones aumentaron considerablemente durante los primeros cinco meses de 2026—. Este sólido comportamiento compensa en parte el menor crecimiento de los principales mercados de exportación (sobre todo Brasil y Argentina) y la disminución de las exportaciones de electricidad. En este último caso, Paraguay está haciendo un uso cada vez mayor de la energía producida en el país: las exportaciones de electricidad cayeron un 17 % interanual hasta mayo de 2026, debido principalmente al aumento de la demanda interna. Por último, las exportaciones de tipo maquiladora (el 10 % del total) también registraron un sólido comportamiento en lo que va de año hasta mayo, especialmente en el caso de productos como el alcohol etílico y las piezas de automóvil.
Se espera que el crecimiento se estabilice en términos generales en 2027, y que el consumo de los hogares, la inversión y las exportaciones sigan proporcionando un sólido respaldo. Sin embargo, la llegada del fenómeno de El Niño en la transición hacia la segunda mitad de 2026 ha añadido incertidumbre a las perspectivas económicas. Como mínimo, las previsiones meteorológicas sugieren que el fenómeno podría ser intenso y que debería persistir hasta principios de 2027 como muy pronto. En Paraguay, El Niño suele ir acompañado de un aumento de las precipitaciones en la cuenca del río Paraná, lo que históricamente ha favorecido la generación hidroeléctrica. La agricultura también tiende a beneficiarse de la mejora de las condiciones pluviales, lo que contribuye a mitigar las sequías recurrentes asociadas a los episodios de La Niña. No obstante, los efectos dependerán de la intensidad del fenómeno. Si resulta especialmente intenso, las lluvias excesivas podrían provocar inundaciones a lo largo de los ríos Paraguay y Paraná, perturbar la logística de exportación fluvial —especialmente en el caso de la soja, que se transporta en gran medida en barcazas— y dañar las infraestructuras rurales.
Reducción gradual de los déficits externos y fiscales
En 2026, el déficit exterior se mantiene en líneas generales estable, a pesar de un cambio en su composición. Como aspecto positivo, el déficit comercial (4,1 % del PIB en 2025) se reduce ligeramente, ya que el fuerte repunte de las exportaciones (sobre todo de soja) supera el aumento de las importaciones impulsado por los precios más elevados de los fertilizantes y los combustibles. Además, un dinamismo económico ligeramente más débil reduce el margen del déficit de rentas primarias (3,8 % del PIB) debido a la disminución de los beneficios repatriados por las empresas extranjeras. Por el contrario, el superávit de servicios (1,9 % del PIB) se reduce debido al aumento de los costes de transporte. Del mismo modo, las remesas de los expatriados disminuyen en 2025 tras alcanzar su máximo en 2025, tras décadas de crecimiento. El repunte del año pasado puede atribuirse a la anticipación de las remesas ante la preocupación por el endurecimiento de las políticas migratorias de EE. UU. y a la introducción de un impuesto del 1 % sobre las transferencias de remesas procedentes de EE. UU. a partir de 2026. En conjunto, estos factores lastran las entradas de fondos y reducen el superávit de la renta secundaria (actualmente del 1,9 % del PIB). Dicho esto, la inversión extranjera directa se mantiene sólida y sigue financiando con fuerza el déficit de la balanza de pagos, gracias a la calificación de «grado de inversión» del país y a su baja presión fiscal. En marzo de 2026, las reservas internacionales cubrían aproximadamente siete meses de importaciones.
La incertidumbre es elevada en lo que respecta a 2027. La evolución de la balanza por cuenta corriente dependerá en gran medida de la evolución de El Niño y de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio. Una distensión duradera de las hostilidades probablemente revertiría algunas de las tendencias observadas en 2026, lo que daría lugar a una reducción de los costes de transporte —lo que favorecería un mayor superávit en los servicios— y a un menor gasto en importaciones de combustible y fertilizantes, mejorando así la balanza comercial. Por otra parte, estos efectos positivos podrían esfumarse si se materializara un fenómeno de El Niño más intenso, lo que afectaría negativamente a la cosecha de 2026-2027 y, en consecuencia, lastraría las exportaciones y la balanza comercial.
En el ámbito presupuestario, el déficit fiscal se reduce ligeramente más en 2026. Paraguay concluyó con éxito en enero de 2026 su programa económico no financiero de dos años de duración, enmarcado en el Instrumento de Coordinación de Políticas (PCI) del FMI. Sin embargo, a pesar de que el presupuesto tiene como objetivo restablecer el cumplimiento del límite máximo establecido por la Ley de Responsabilidad Fiscal de 2013 por primera vez desde 2018, el Gobierno supera el límite del 1,5 % del PIB. Si bien la sólida actividad económica sigue respaldando el crecimiento de los ingresos fiscales, las ganancias se ven limitadas por la estrecha base impositiva. Además, se prevé un desajuste entre el aumento de los ingresos y el incremento del gasto, debido a la liquidación de atrasos, incluidos los pagos a contratistas de obras públicas y proveedores de medicamentos, así como al aumento del gasto social. En abril de 2026, aproximadamente el 84 % de la deuda pública total era externa (equivalente al 30 % del PIB). La mayor parte de la deuda sigue estando denominada en dólares estadounidenses (alrededor del 73 % de la deuda pública total), aunque la composición ha comenzado a cambiar tras el éxito de las emisiones de bonos denominados en guaraní en los mercados internacionales desde 2024. Como resultado, la deuda en moneda local representa ahora alrededor del 25 % del total. Los tenedores privados internacionales de bonos y las instituciones multilaterales poseen aproximadamente el 47 % y el 38 % de la deuda pública total, respectivamente. En 2027, se espera que el déficit se reduzca aún más, a medida que se modere el impacto del pago de atrasos y el comportamiento de los ingresos siga mejorando al ritmo de la actividad económica. Se prevé que el limitado crecimiento del gasto nominal y un compromiso renovado con las normas fiscales acerquen el déficit a su límite legal del 1,5 % del PIB, lo que reforzará la confianza de los inversores y contribuirá a una mayor resiliencia macroeconómica.
Las dificultades del presidente Peña con las reformas y las divisiones partidistas
El presidente Santiago Peña, del conservador Partido Colorado (PC), inició en agosto de 2023 un mandato de cinco años no renovable. En junio de 2026, ocupaba el quinto puesto entre los presidentes más populares de América Latina, con un índice de aprobación del 48,3 % según la empresa de estudios de opinión pública CB Global Data. Este apoyo relativamente sólido refleja un contexto de estabilidad macroeconómica y de crecimiento firme en los últimos años. Sin embargo, estos resultados contrastan con los escasos avances en las promesas clave de su campaña, en concreto la lucha contra la corrupción. Paraguay sigue obteniendo malos resultados en los indicadores de gobernanza: en el Índice de Percepción de la Corrupción, el país ocupó el puesto 150 de 182 países en 2025, lo que supone un retroceso respecto al puesto 137 de 180 que ocupaba en 2022. En el ámbito político, aunque el PC es el partido gobernante indiscutible —ha gobernado el país desde 1947, salvo un período de cinco años, y cuenta con una fuerte representación en el Congreso: ocupa 48 de los 80 escaños de la Cámara Baja y 23 de los 45 del Senado—, dista mucho de estar unificado. Las divisiones internas dentro del partido (especialmente por parte del partido Honor Colorado, liderado por el expresidente Cartes, quien sigue gozando de una fuerte influencia) hacen que el Gobierno tenga que negociar a menudo dentro de sus propias filas para poder aprobar leyes, lo que obstaculiza la rapidez y el alcance de las reformas. Entre las reformas más recientes, el Congreso aprobó en marzo de 2026 un proyecto de ley de reforma de las pensiones públicas («Reforma de la Caja Fiscal»), tras prolongadas negociaciones y una tensión política creciente. La versión final del proyecto de ley quedó considerablemente diluida en comparación con el borrador original. Entre las medidas clave se incluyen el aumento de las cotizaciones de los trabajadores del 16 % al 19 % en los sectores deficitarios y el incremento de las aportaciones del Estado hasta el 10 %.
En el ámbito exterior, Brasil y Paraguay reanudaron a finales de 2025 las negociaciones sobre el Tratado de Itaipú, que define las condiciones financieras del comercio de electricidad entre ambos países. El acuerdo, firmado originalmente en 1973 y revisado en 2009, debía someterse a una revisión completa en 2023, pero las conversaciones se suspendieron en 2025 tras un incidente diplomático relacionado con una supuesta operación de espionaje. Asunción busca una mayor flexibilidad, incluida la posibilidad de vender su cuota de electricidad no utilizada a terceros países a precios de mercado, una práctica que ha estado restringida durante más de cinco décadas. En materia de política comercial, Paraguay es miembro del Mercosur, y el presidente Santiago Peña apoya ampliamente la integración regional, al tiempo que hace hincapié en la apertura económica, el pragmatismo y la modernización del bloque. Un avance clave es el acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur, que entró en vigor provisionalmente el 1 de mayo de 2026, a la espera de la aprobación definitiva del Parlamento Europeo tras su remisión al Tribunal de Justicia de la Unión Europea en enero de 2026. En virtud del acuerdo, el Mercosur eliminará gradualmente los aranceles sobre alrededor del 90 % de las importaciones a lo largo de 15 años, mientras que la UE liberalizará una proporción similar y reducirá los aranceles sobre los productos agrícolas dentro de sistemas de contingentes que se ampliarán con el tiempo. El acuerdo también aborda las barreras no arancelarias. En la actualidad, Paraguay exporta aproximadamente 395 millones de dólares estadounidenses a la Unión Europea, principalmente soja y carne de vacuno. La inversión extranjera directa es otro pilar fundamental de la relación: la UE representa alrededor del 21 % del stock total de IED de Paraguay, lo que equivale a unos 2 200 millones de dólares en 2024, con inversiones concentradas en sectores como la energía, la silvicultura, el transporte, la agricultura y la industria manufacturera. Aunque el acuerdo no incluye un capítulo específico sobre inversión, se espera que estimule flujos de inversión adicionales. En cuanto a las relaciones con EE. UU., en marzo de 2026, Paraguay firmó un acuerdo marco de defensa con Washington, conocido como Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA). El tratado estableció una base jurídica para la presencia temporal de personal militar y contratistas estadounidenses en Paraguay —sin especificar una duración fija—, lo que permite actividades como la formación, la asistencia técnica, la respuesta ante catástrofes y las operaciones humanitarias. Asimismo, establece que el personal estadounidense seguirá estando sujeto a la jurisdicción penal de Estados Unidos. Las autoridades paraguayas han subrayado que el acuerdo es un instrumento de seguridad destinado a reforzar la cooperación contra la delincuencia organizada transnacional y el terrorismo, y que prohíbe la creación de bases militares estadounidenses permanentes y no permite ninguna transferencia de soberanía. Por último, Paraguay es el único país de Sudamérica que mantiene relaciones diplomáticas oficiales con Taiwán, una política que ha mantenido durante casi 70 años. Durante una visita a Taiwán en mayo de 2026, el presidente Peña anunció que ambos países habían puesto en marcha planes para desarrollar un centro de inteligencia artificial. Aunque los detalles son vagos, al parecer la iniciativa tiene como objetivo aprovechar la energía abundante y de bajo coste de Paraguay junto con las capacidades tecnológicas de Taiwán.

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