Actualidad Económica
13/04/2020
Riesgo País y Estudios Económicos

El COVID-19 ha aterrizado en Latinoamérica, una región con enfermedades preexistentes

El COVID-19 ha aterrizado en Latinoamérica, una región con enfermedades preexistentes

El COVID-19 llegó a Latinoamérica relativamente tarde. El primer caso fue detectado en Brasil el 26 de febrero de 2020, cuando un hombre de 61 años dio positivo tras viajar al norte de Italia. Desde entonces, el virus se ha propagado por toda la región. A 3 de abril de 2020, teniendo en cuenta las siete economías más importantes - Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Perú – el virus ya había infectado a 19.563 personas cobrándose 582 vidas. El mayor número de contagios se ha registrado en Brasil (7.910), seguido de Chile (3.404), Ecuador (3.163), México (1.378), Perú (1.414), Argentina (1.133) y Colombia (1.161). No obstante, cabe destacar que estas cifras, probablemente, no reflejen la realidad, debido al retraso en el registro y a la falta de tests.

En general, la llegada del COVID-19 a Latinoamérica ha deteriorado aún más las ya pobres perspectivas de crecimiento para 2020 (Coface prevé ahora que el PIB de la región caerá a -2,1% este año, lo que implica un descenso respecto a la estimación de 1% de principios de 2020).

¿Por qué?

Un contagio tardío y la demografía favorable podrían ayudar a suavizar la propagación del COVID-19 por la región. Respecto al primer argumento, los líderes latinoamericanos cuentan con un período relativamente más largo de monitorización global del virus, lo que abre una ventana de oportunidad para intentar aplanar la curva de contagio.

En lo que respecta a la demografía, el COVID-19 se caracteriza por presentar, en general, una incidencia mayor entre la tercera edad. Según estadísticas del Banco Mundial, la población de 65 años o mayor representa, de media, el 8% de la población total de Latinoamérica. Esta cifra se sitúa muy por debajo de las tasas de Europa y Asia Central (16%) y América del Norte (16%). Sin embargo, un sistema de salud pobre, el predominio de un mercado laboral informal, las elevadas tasas de pobreza y los limitados recursos públicos podrían tener influencia negativa en la expansión.

Como referencia, el porcentaje de camas hospitalarias por cada 1.000 habitantes es de 2,2 de media en Latinoamérica, considerablemente más baja que en Europa y Asia Central (5,9), Asia Oriental y Pacífico (4,4) y América del Norte (2,9). Además, el mercado laboral de la región es mayoritariamente informal, representando el 53% del mercado laboral (frente a 25% en Europa y Asia Central y 18% en América del Norte). Las pérdidas para los trabajadores de este grupo serán consecuentemente más serias, ya que no recibirán ingresos mientras estén en cuarentena.

Por último, pero no menos importante, desde que finalizara la bonanza de las materias primas (sobre todo después de 2014), la deuda pública de los países latinoamericanos ha aumentado considerablemente (sustentada por la abundante liquidez global). Esto significa que los gobiernos tienen poco margen para poner en marcha grandes paquetes fiscales. Además de estas debilidades, 2020 ya comenzó con grandes desafíos en el horizonte. Durante la segunda mitad de 2019, varios países en Latinoamérica se enfrentaron a importantes disturbios sociales (algunos países igualmente vulnerables consiguieron evitarlos). Aunque las protestas fueron propiciadas por diferentes promotores, los países afectados comparten las mismas raíces: la desigualdad y las pobres tasas de crecimiento. Estos factores serán puestos a prueba todavía más con la llegada del COVID-19 a la región y con la impopularidad de los gobernantes.

PRINCIPALES Riesgos

Generalmente, para las economías emergentes como Latinoamérica, una crisis económica tiene cuatro canales de contagio a la actividad: 

  • Shock de suministro: los problemas iniciados en China y que luego alcanzaron otros mercados, mientras el virus se propagaba por todo el mundo. 
  • Shock de demanda: relacionado con las medidas de contención. 
  • Caída de los precios de las materias primas, que no puede subestimarse en una región que se caracteriza por sus recursos en materias primas.
  • Falta de fondos en dólares, en un momento en el que la aversión global del riesgo está en ascenso. 

Además, el escenario de referencia de Coface asume que América Latina alcanzará el pico negativo a finales del segundo trimestre de 2020, seguido por una reapertura gradual en el segundo semestre de 2020 (si bien las empresas y los consumidores permanecerán muy cautelosos). Esto significa que las medidas fiscales, monetarias y del mercado financiero serán claves para mitigar los impactos sociales y económicos.

Por otra parte, si bien la primera medida aumentará el déficit fiscal de los gobiernos en países de por sí fuertemente endeudados, la acción se justifica, ya que se trata de un aumento puntual debido a una catástrofe, y porque, en términos relativos, el resto del mundo debería comportarse del mismo modo. Además, en el ámbito monetario, no hay mucho espacio para recortar los tipos de interés (especialmente en Brasil, Chile, Colombia y Perú).

Por último, la baja popularidad de los gobiernos, dependiendo de la modalidad y la rapidez de su reacción, podrían tener una oportunidad (que para alguno será la última) para mejorar su gobernabilidad. En general, el grado de riesgo no es homogéneo y se resume a continuación en orden descendiente.

  • Argentina y Ecuador son los que presentan el riesgo más alto, ya que cuentan con grandes deudas externas y reservas en divisas muy limitadas. En lo que respecta a Argentina, el Presidente Fernandez ha sido elogiado por sus esfuerzos en la lucha contra el contagio del COVID-19 en su país (uno de los primeros en declarar la cuarentena). Sin embargo, aún no se ha alcanzado un acuerdo con los acreedores privados (el FMI ha enfatizado la necesidad de un gran recorte de la deuda). En Ecuador, la abrupta caída del precio del petróleo representa un desafío adicional. La popularidad del Presidente Moreno es baja y la confederación indígena CONAIE, que lideró las protestas en 2019, reclama que se suspendan todos los pagos de la deuda externa y esos fondos sean utilizados para asistir a la población durante la crisis del COVID-19.
  • En México, el COVID-19 golpeó a una economía ya agonizante (el PIB cayó un 0,1% en 2019), afectada por las incertidumbres resultantes de las controvertidas medidas adoptadas por el gobierno. Además, la recesión de 0,9% que se espera en Estados Unidos afectará aún más, sobre todo considerando el abrupto aumento que se prevé para la tasa de desempleo en Estados Unidos (reduciendo las remesas) y la caída de la actividad industrial. Por su parte, el presidente López Obrador dejó de subestimar el COVID-19 y declaró el estado de emergencia en el país el lunes 30 de marzo (exhortando al sector privado a suspender todas las actividades no esenciales desde el 30 de marzo al 30 de abril). No obstante, aún no ha anunciado ninguna medida fiscal.
  • Aunque con menor intensidad, Colombia también se verá afectada por la caída de los precios del petróleo, lo que implica una mayor presión sobre sus dos déficits (fiscal y por cuenta corriente). Además, aunque las fronteras están cerradas temporalmente, será difícil prevenir completamente la entrada de refugiados venezolanos (actualmente hay 1.8 millones de venezolanos en el país) ya que la frontera tiene más de 2.000 km. de largo.
  • En Brasil, la crisis del COVID-19 ha causado roces políticos. El presidente Bolsonaro se negó a imponer medidas que restringieran la movilidad, por lo que los gobernadores están ahora asumiendo ese rol. A pesar de esto, se han anunciado medidas de mitigación, financiadas parcialmente por reasignaciones presupuestarias, pero también agregando un nuevo gasto fiscal (el gobierno estima ahora que el déficit primario podría alcanzar el 5% del PIB en 2020, frente a un 0,9% en 2019). Se destinarán recursos a la sanidad y para proporcionar asistencia financiera a las empresas e individuos que contrarresten los efectos negativos de la pandemia en la actividad económica.
  • Chile y Perú, pequeñas economías abiertas, fuertemente influidas por el bajo precio de los minerales, pero con mayor espacio fiscal. En Perú, el gobierno cuenta con su relativamente alta popularidad para adoptar las medidas necesarias. Mientras tanto, en Chile, el presidente Piñera ha intentado recuperar su popularidad tras las protestas de finales de 2019 (aunque la consulta sobre la reforma de la constitución programada para el 26 de abril de 2020 ha sido postergada). Sus posibilidades de éxito aún no son claras, pero, hasta ahora, ha anunciado estímulos fiscales que representan un 4,7% del PIB.
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